Una mirada diferente

 

Una mirada diferente


Eran las 7:00 a.m. del día 11 de abril de 2022. Como de costumbre, me predisponía a dictar mi clase al Décimo año. En el trayecto note unos leves murmullos que zurraban y se envolvían con el viento, enfatizando: ¡Profe nota algo!, mientras avanzaba, una vez más una voz me inmuto repitiendo ¡Profe, mire atrás hay una niña nueva! Lentamente, caminado entre las miradas penetrantes, curiosas y misteriosas me iba aproximando a esa nueva invitada.

Entre el calor de la madrugada y la algarabía del encuentro, divisaba aquel rostro cabizbajo que se limitaba a mirarme, sigilosamente, cual fuerza de atracción me iba aproximando, para invitarla al encuentro, con un tono de voz que pretendía generarle confianza señale ¡Coméntenos un poco de usted¡, ella, con una voz entrecortada y temerosa señalo: Me llamo María Fernanda, tengo 14 años, me gustan los conejitos y cuando sea grane quiero ser doctora. Tan pronto terminó sus líneas y un silencio invadió el entorno, aquella voz inquieta se había vuelto segura y decidida, e inmediatamente elevo su rostro por el firmamento.

Al mirarla, solo pude guardar silencio, ideas venideras empezaron a inquietarme, no me dejaban pensar con claridad, incluso llegué a pensar que la temática de la clase debía cambiar. Estaba inmutada por aquel semblante inquieto, llena de sueños y con una gran sonrisa dibujada que tendía a reflejar calma y paz. 

Presta a iniciar la clase, leds, cables, pinzas y cintas sobre las mesas se empezaban a colocar, el producto final, una luz artificial que debía brillar. Mientras los demás trabajaban, ella entre el tumulto se animó a mencionar ¿Qué hacen? ¿Por qué no hacen silencio? Perturbada una vez más por lo acontecido, me acerque a ella, le pedí se uniera a un grupo para que pudiera trabajar con ellos, que la practica con ella la iba a ejecutar, con un sonido singular.

Al escucharme, me pidió poder tomar mi mano ¡Profesora me da su mano!, extrañada por la incertidumbre del momento y la petición, sigilosamente le tendí mi mano. Ella, segura de lo que hacia la tocó y enfatizó: ¡Usted es buena, la escucho joven, tiene una voz como de un cuento!, basto ese instante para conectarme a ella, y descubrir un mundo nuevo. En ese momento, la impotencia, la curiosidad y hasta el miedo de no saber cómo enseñar me invadió. Fernanda quien no podía ver, pero sabía escuchar y prestar atención me vino a reprogramar, me hizo entender que era tiempo de aprender, dejar la monotonía y la rutina por un reto, un reto que me permitiría acercarme a un mundo que quizá estaba lejos de mi realidad.

 

La clase transcurría en tanto mi mirada se alejaba de Fernanda, trataba de la clase adaptar, puesto que lo que los otros podían mirar, para ella en una descripción tenía que trabajar, era un momento fortuito, pero un momento que se quedaría como un grato recuerdo, lejos de distanciarme ahora el reto era aproximarme. Ella, como toda guerrera del tiempo, exclamó: Profe, por mí no se preocupe, solo hable fuerte, yo entiendo, usted explique y ya vera que aprendo”, lejos de aquella inseguridad del primer acercamiento, ahora aquella niña me había devuelto la confianza y la entereza, me demostró que no hay barrera que no se la pueda vencer, que todos podemos aprender siempre y cuando exista entrega. 

Comentarios

  1. Me gusto la lectura, pero me parece un cuento.

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  2. Parece que tendremos una historia interesante. Solo hay que ir despacio.
    Me gusta el tono narrativo de tu crónica.

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  3. No hay ingreso impactante, el texto podría resumirse en un par de oraciones... Muestra con imágenes dese el inicio en lugar de decir, el hecho objeto de la crónica me parece demasiado difuso, busca ceñirte a un acontecimiento impactante de la vida real, y narra a partir de la curiosidad que el hecho despierta

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